LA HABITACION DE LOS LIBROS PERDIDOS
Como en el cuento de Peter Pan, donde los niños que no quieren crecer iban a la Isla de los Niños Perdidos, asi, a la habitación de Los Libros Perdidos, llegan todos aquellos supervivientes de las casas familiares que se han ido desvaneciendo, y que quieren seguir siendo ESO , LIBROS. Todos tienen un mensaje de seducción, esconden fotos, romero, notas, subrayados y esto, suma vida a la que ya guardan en sus paginas.
Con la familiaridad de lo conocido, leo el capítulo de Marta y Maria – Palacio Valdés – donde dos adolescentes, que aún no se saben estar enamorados, buscan un pájaro que ha escapado de la jaula. La búsqueda es el hilo conductor que el autor utiliza para irnos llevando de estancia en estancia. La habitación de la infancia, llena de sueños y pesadillas alimentadas por un extraño empapelado de escenas de caza. El despacho paterno, con mubles solemnes y retratos familiares, como mudos testigos, una estancia patriarcal que emana seguridad. El cuarto de la joven, luminoso y perfumado, en el que se siente turbada, por la presencia del chico….. Y el desván, cubierto por una claraboya de cristal con arabescos. Y… los rayos de luz azules, verdes, rojos, con velos de polvo flotando en ellos, dibujan y desdibujan las figuras de los jóvenes y el pájaro, que como en una coreografía forman un inocente baile de persecuciones y revoloteos bañados de colores.
Ni el mejor tramoyista habría imaginado tan brillante escena, propia de palacio encantado.
El pájaro escapa por una herida del cristal, ella le sigue con la mi rada, él solo la mira a ella y EL LIBRO, torna a su limbo, para que otras manos lo rediman de nuevo.
Teresa Delgado
Octubre-07
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