LA SORPRESA
Dejo que mi mano, con abandono intencionado, haga girar el globo terráqueo que tengo ante mi. Gira, gira, cada vez con más rapidez, hasta que los contornos de los mares y continentes se desdibujan y se transforman en una alocada mancha. Con un golpe seco y preciso clavo un alfiler en un punto cualquiera. Cesa el frenético giro lentamente va parando, afino el enfoque. ¿Dónde? ¿Dónde?. Localizo el punto, ahora tengo que encontrar la forma de llegar hasta el. Está fuera de las rutas convencionales, este es uno de los retos, el primero a vencer.
Repaso mi ligero equipaje. Por las coordinadas aproximo el clima. Pongo especial esmero en mi cámara , lentes, filtros, fotómetro, rollos – aún los utilizo en ocasiones - ¿ Que color tendrá el paisaje¿ ¿ Y el aire? ¿ en la fotografía también este tiene color. No puedo olvidar ningún accesorio, sería imperdonable. La fotografía es el móvil del viaje, busco algo que me sorprenda, que no me condicione ninguna idea preconcebida, nada previamente imaginado.
Al igual que la lente de mi cámara voy acercándome al punto y este toma cuerpo, ya tiene forma, es un lugar con nombre propio, con contornos, con ruidos, con vida. El nombre es exageradamente largo, de caracteres para mí desconocidos. No son ideogramas ni jeroglíficos, parecen mas notas musicales, de hecho en el ambiente se percibe un envolvente sonido. Todo parece funcionar siguiendo un orden perfecto, matemático y armónico, que me hace pensar en Pitágoras y en su música de las esferas. El trazado urbanístico agrupa las calles en hileras de cinco en cinco y el inicio de cada grupo de cinco lo preside un ornamento de gran tamaño.
Los viandantes parecen ocupar todas las calles, visten invariablemente de negro o de blanco siguiendo algún código establecido pues también caminan solos o agrupados. Pujando por sobresalir una padilla de corcheas y semicorcheas, el día y la noche en una loca y eterna persecución, un frac coronado por dos estáticas urracas, los pinguinos que dormitan en un tablero de ajedrez, un teclado de piano en perpetuo movimiento solitario y del que mana un chorro de petróleo, un ascua de carbón ardiendo. Todo es negro. El aparente caos sigue obedeciendo a un orden , y ahí radica lo caótico de este caos .
Todo es blanco o negro, solo el ascua de carbón deja escapar el rojo de sus entrañas, acaso una pincelada de vida.
La ausencia de color dificulta aún más mi propósito, busco enfoques adecuados para las tomas fotográficas, los extraños pobladores no paran quietos, tengo dificultades, los objetos no toman cuerpo, parecen pintados sobre cristal.
Al final, los rollos se velan pues la música solo se captura con el alma. No obstante, sí consigo algo de mi proyecto inicial: la sorpresa.
.Teresa Delgado
Feb 2010
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1 comentario:
Mi querida Teresa!!!
Soy Esther Nieto ¿te acuerdad de mí?
Me ha dado mucha alegría encontrarte por estos mundos cibernáuticos de los Blog (yo tengo uno recién estrenado)
Me encanta ver la facilidad con que te expresas.
TE cuento, por esta vía porque no tengo otra, en facebook hay un grupo que ha creado Pedro Fuentes de antiguos alumnos del cole y falta gente, entre otras, tú.
Por otro lado, recientemente he escrito un post sobre los recuerdos del cole que lo mismo te gustaría leer, te dejo mi dirección.
Un besote, y espero tener noticias de tí pronto
http://otracervecita.blogspot.com/2010/10/mi-infancia-son-recuerdos-de-un-patio.html
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