sábado, 19 de febrero de 2011

RETORNO


Salgo del Centro sin pisar el suelo, contagiada del clima que se crea en el aula, después de oír las creaciones de mis compañeras y las motivaciones de José Manuel. Recorro las calles angostas que invitan a toda clase de fantasías, camino cuesta arriba lo que hace aún mas costoso el camino a semejanza de un viaje iniciático, imagino que al igual que a Dante me lleva de la mano Virgilio como en la Divina Comedia cuando bajan al Averno. Por esta senda imaginaria llego hasta la puerta del infierno (el metro) oscuro, profundo, ruidoso, enlazo con otra nave, que aunque rueda en superficie, también hace un recorrido lleno de simbolismos. Las cuatro torres, como obeliscos erigidos al poder y al dinero. Dos mastodónticos edificios que alojan bajo sus asépticas lineas, dolor, incertidumbre, muerte, ciencia, allí bulle otra vida. Ese maestro oculto sigue mostrándome. Una escuela de policía, futuros veladores del orden. Después para digerir estas enseñanzas, transito por un paisaje verde, pinos, campo, sosiego y sigo descubriendo las realidades de este mi mundo. Otro hospital con el inapropiado nombre de Valdelatas, allí dormita la ancianidad, doliente, confusa, sin retorno. Otro edificio, un psiquiátrico, lejos de la sociedad, con un gran jardín que maquilla la locura. A lo lejos, un bonito caserón blanco, con escudos donde se adiestran las tropas con la dudosa misión de defendernos. Y como colofón a esta sucesión de miserias, la cárcel, con el pomposo nombre de Soto del Real, enorme, alambrada y curiosamente por el azar de una ganadería cercana, rodeada de toros de lidia, cuya presencia tanto puede disuadir de fugas como alimentar sueños de gloria.
A esta altura del viaje, mi maestro juzga que me ha mostrado lo suficiente, no me acompaña, ahora me protegen las montañas de cumbres nevadas, sigue la dehesa poblada de centenarias encinas, pasta el ganado, regueros de agua y el pantano como espejo del Castillo de Manzanares, ayer fortaleza hoy un recreo para la vista. Después de unas curvas que juegan al despiste, se asoma mi pequeño pueblo, la torre de la iglesia le hace parecer intemporal. Dudo si el viaje ha sido en el tiempo o en el espacio. Mi maestro no está, llegó sola, encuentro mi casa, de momento mi meta.

Teresa Delgado
Febrero-2011

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